Pablito Gara: Del rechazo al empoderamiento
Pablito GaRa es creador de contenido, bailarín y comunicador que convirtió el bullying, el rechazo familiar y el hate en redes en una plataforma de amor propio y empoderamiento; el influencer nos cuenta del habla de dolor, amor propio y cómo sobrevivir al rechazo con autenticidad.
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En un mundo donde las redes sociales pueden ser tanto refugio como tormenta, hay quienes eligen convertir el hate en empoderamiento. Pablito GaRa no sólo ha creado una comunidad sólida en el universo digital: ha levantado una voz clara, honesta y esperanzadora para quienes alguna vez fueron marginados, cuestionados o simplemente “diferentes”. Esta es su historia contada con la misma franqueza con la que vive: sin filtros, sin pena, con verdad.
Desde su infancia marcada por la discriminación hasta su salida del clóset y la sanación con su familia, Pabli nos comparte una historia real, cruda y profundamente inspiradora. En esta entrevista, habla de su relación con sus padres, el poder del arte como refugio y su misión de demostrarle al mundo —y a miles de jóvenes— que ser diferente no es una desventaja, sino una fuerza.
¿Recuerdas cómo empezaste a hacer contenido en redes? Sí, claro. Yo decía: “wow, mil vistas es un chorro”. Me emocionaba con cien seguidores. Y entonces de repente dije: voy a hacer más baile, y fui haciendo baile, y ahí me di cuenta que eso le gustaba a la gente. Así fue como poquito a poquito fue creciendo mi cuenta, hasta que llegó el baile de Jordan, que fue con el que mucha gente me conoció. Bueno, no todo el mundo, pero sí una gran parte de los que me siguen hasta hoy.
¿Ya vives de eso? ¿Es tu trabajo? Sí, sí gano. Hay campañas que te pagan muy bien. Más ahora que ya se viene junio, que es el mes fuerte para la gente de la comunidad. Las marcas buscan a creadores que hacemos contenido desde nuestra identidad. Por ejemplo, fui imagen de una marca que se llama Hercalu World, del diseñador Luis Hernández, de Monterrey. Hicimos una campaña para todo junio y fue increíble. Además, muy bien pagada. También he hecho colaboraciones con otras marcas.
¿Cómo fue tu decisión de mudarte a la Ciudad de México? Yo ya tenía la idea desde enero de ese año. Decía: “en junio me voy”. Pero de repente, mi papá —toda su familia es de acá— me dijo: “Vámonos en febrero a vivir a Ciudad de México”. Yo ya tenía esa intención y él ya lo sabía, así que se adelantó. Nos venimos todos, y ahora estamos cerca de su familia.
Después de las uñas, vino el cambio de ropa. ¿Cómo fue ese proceso? Al principio no sabía cómo vestirme. Si me invitaban a un evento, pensaba: ¿qué me voy a poner? Entonces conocí a un chico que se llama Luis Hernández, de Monterrey, que hoy es uno de mis mejores amigos y mi stylist. Él hace vestuario para Millonario, exCartel de Santa y Kelly Medanie, y otros artistas. Me dijo: “Déjame vestirte”. Y lo hizo. Lo que traía ese día él lo eligió. Desde entonces me dejo llevar.
¿Te costó usar tacones o ropa más arriesgada en público? Fíjate que no me daba miedo usar tacones porque yo daba clases de hip hop en tacones. Pero sí me daba miedo cómo me iban a ver en un evento. Luis me dijo: “Ponte falda, ponte algo destapado, atrévete”. Yo le decía: “Esto sí me gusta, esto no”. Y trabajamos sobre eso. Por ejemplo, para unos TikTok Awards me puso un collar de perlas enormes. Yo lo iba a quitar al llegar, te lo juro. Pero justo entrando, un chico me dijo: “Está increíble tu collar. ¿Dónde lo compraste?”. Cuando le dije que lo hizo mi estilista, me pidió su contacto. Y seis meses después Dua Lipa salió en un yate con un collar igual. Ahí entendí que Luis nunca se equivoca.
¿En algún momento sentiste inseguridad con ese cambio de imagen? En Monterrey me fue muy bien. La gente me abrazó. Salía a plazas y me pedían fotos, jamás hubo alguien que me dijera algo feo. Pero en Ciudad de México fue distinto. Aquí sí me ha pasado. Una vez pagué algo y me dieron el cambio con desprecio, como “toma y vete”. Me pareció raro porque aquí se supone que todo es más abierto. Eso sí me generó cierta inseguridad

"No te limites. Sé tú mismo. El mundo necesita más autenticidad y menos miedo.”
¿Y cómo superaste eso? Creo que todo depende de cómo te muestras. Cuando tú dudas de lo que haces, la gente nota por dónde atacarte. Pero si tú te muestras tal cual eres, te respetan. Incluso llegué a decir de broma: “Oigan, ya no tengo hate, échenme tantito”. Aprendí que si tú conoces tus defectos, nadie va a venir a decírtelos.
¿Tuviste alguna experiencia fuerte con el hate? Sí. Como no hablaba en mis videos, la gente confundía mi seguridad con prepotencia. Una vez, una chica entró a mi live a tirarme hate, pero como no le hice caso, se quedó. Me dijo: “Oye, venía a tirarte, pero eres súper buena onda”. Ahora es una de mis seguidoras más fieles, se llama Alexa Panzi y es de aquí de CDMX. La quiero un chorro.
¿Y cuando el odio pasa a la amenaza? ¿Llegaste a tener miedo? Sí, claro. Me empezaron a decir por dónde vivía. Un comentario que nunca se me olvida fue: “Ya sé que pasas por esta plaza. Un día te voy a ver y te voy a aventar algo en la cara. Tú no deberías vivir”. Ahí sí me dio miedo. Mucha gente me decía: “No hagas caso”. Pero sí pasa. Y no se siente nada bien.
INFANCIA MARCADA POR EL RECHAZO Pablito, ¿cómo fue crecer siendo “el diferente” en un entorno tan rígido como el que describes? Desde que tengo uso de razón, sabía que tenía gustos distintos a los que se esperaban de un niño. No sabía que era gay, no entendía de conceptos, pero sí sabía que no me gustaba el futbol, que me sentía más cómodo jugando con mis amiguitas, que me gustaba bailar… y eso ya era suficiente para que me señalaran.
¿Tuviste apoyo en casa en ese momento? No completamente. Mi familia es cristiana. Yo también creo en Dios, pero muchas veces la religión no va de la mano con lo que eres. Y eso lo viví desde muy pequeño. A los 10 años mis padres se separaron, y aunque yo era muy apegado a mi mamá, me tuve que ir con mi papá porque ella no trabajaba. Lo viví como castigo, pero es algo que hoy en día no cambio por nada porque mi papá dio todo por mí.